Como cada gesto cuenta para preservar el medioambiente, pasar del papel tradicional a lo totalmente digital es una cuestión que se plantean muchas personas directivas. Sin embargo, algunos estudios muestran que las herramientas digitales no consumen menos energía que el papel, salvo cuando se despliegan en sectores de actividad especialmente grandes consumidores de papel. Entonces, ¿cómo elegir bando?

¿Cuál es el impacto ambiental del papel?

Numerosos estudios realizados desde la década de 1990 denuncian el impacto ambiental del papel en varios niveles.

Para empezar, el uso del papel es una de las principales causas de la deforestación en el mundo. Aunque hoy en día se han implementado soluciones de gestión sostenible de los bosques y de reciclaje del papel, la producción mundial de papel sigue pesando mucho sobre los ecosistemas.

Producir papel también requiere mucha agua, un recurso que, sin embargo, es necesario preservar. ¡Para producir una hoja A4 se necesitan entre 5 y 10 litros de agua! Junto con la industria textil, la industria papelera es uno de los sectores que más agua consumen en el mundo.

La producción de papel también utiliza mucha energía (transformación de la madera en pasta, blanqueo, transporte…). Se estima el consumo en aproximadamente 1,5 kg de CO2 por kilo de papel.

Por último, los vertidos de las fábricas contribuyen a la contaminación del aire y del agua al liberar agentes tóxicos.

El papel puede reciclarse un número limitado de veces, y este proceso, aunque es menos impactante que la producción de papel nuevo, también consume energía y agua.

Mujer sentada frente a una estantería llena de carpetas y documentos en papel, sosteniendo una carpeta

Lo digital, una palanca para limitar la huella de carbono

La transición digital ha permitido desmaterializar los soportes y evitar las impresiones masivas. En un solo dispositivo, es posible acceder a una cantidad infinita de contenidos y utilizar todo tipo de aplicaciones.

Esto significa que se talan menos árboles para producir papel y que se consume menos agua y energía. En definitiva, la digitalización permite limitar el transporte de documentos físicos y, por lo tanto, las emisiones de gases de efecto invernadero.

La llegada de lo digital también ha hecho evolucionar las prácticas. Hoy en día, se comparten archivos en línea en lugar de imprimirlos, se utiliza la videoconferencia para evitar desplazamientos y se evita el almacenamiento físico. Según los informes de la ADEME, por ejemplo, la desmaterialización conllevaría una reducción del 30 al 60% de las emisiones de CO2 según los sectores de actividad.

¿Es lo digital menos contaminante que el papel?

Veremos que, aunque lo digital también tiene un impacto en el medioambiente, puede ser menos contaminante si se utiliza correctamente.

Un impacto real en el medioambiente

Si lo digital permite limitar el impacto de los soportes de papel en el medioambiente, hay que reconocer que también genera contaminación. Es una contaminación que no es directa, pero que, aun así, es medible. Para acceder a los recursos digitales, se necesitan soportes (ordenadores de sobremesa, portátiles, tabletas o smartphones). Ahora bien, la fabricación de estos soportes es muy intensiva en energía (entre 100 y 200 kg de CO2 según los modelos) y requiere el uso y la extracción de metales raros, en particular para los componentes y la batería.

El almacenamiento de datos en servidores también genera contaminación. Los centros de datos albergan servidores que almacenan y procesan información. Y para funcionar, estos data centers consumen energía, en particular para la ventilación, ya que los servidores generan muchísimo calor.

Hoy hay que entender que los centros de datos consumen entre el 1 y el 1,5% de la electricidad mundial y generan el 0,5% de las emisiones mundiales de CO2.

Sala de servidores digitales con filas de centros de datos y equipos informáticos

Un balance más positivo a largo plazo

Lo digital sigue siendo una ventaja a largo plazo si se utiliza bien. El almacenamiento de datos ha permitido, en efecto, ahorrar papel y, por lo tanto, agua. Por ejemplo, en un centro escolar, el uso de soportes digitales para las clases, los deberes y la administración permite ahorrar entre 150 y 200 kg de papel al año, es decir, un equivalente de 225 a 300 kg de CO2.

Aun así, quedan esfuerzos por hacer para orientarse hacia prácticas responsables con el fin de llevar a cabo una transición digital más sobria.

En concreto, esto se resume de la siguiente manera:

  • Prolongar la vida útil de los dispositivos para limitar el impacto de su fabricación en el medioambiente. Por tanto, las personas fabricantes deben comprometerse con la durabilidad de sus equipos y también ofrecer dispositivos que puedan repararse o reacondicionarse fácilmente para usarlos de segunda mano.
  • La otra práctica responsable que hay que adoptar en el ámbito digital es limitar el almacenamiento innecesario para evitar que los servidores produzcan calor en vano. Se estima que 1 GB almacenado durante un año equivale a un consumo de 1,8 kg de CO2. Por ello, se aconseja eliminar regularmente los archivos inútiles, como correos, duplicados o documentos obsoletos. Evita saturar los servicios en la nube con fotos y vídeos en alta definición si no es un uso profesional. Por último, prioriza soluciones de alojamiento alimentadas por energías renovables.

Los efectos de la transición digital en los sectores anclados en el papel

La transición digital ha permitido a algunos sectores de actividad, como la enseñanza, limitar su impacto en el medioambiente, al tiempo que generan ahorros financieros sustanciales vinculados a la compra de soportes de papel.

Ya sea en los soportes de enseñanza, los cuadernos de registro de asistencia, los documentos de evaluación, los documentos administrativos o los documentos de correspondencia, lo digital permite ahorrar cientos de miles de toneladas de papel al año.

Estas soluciones digitales ofrecen, por tanto, en la mayoría de los casos una alternativa eco-responsable para adoptar prácticas más sostenibles.